Monday, February 16, 2009

Mi primera

Pensé en escribirle tantas veces, pero no lo hice.
Soy un cobarde, y por eso ella nunca se enteró de que cada vez que la veía pasar por los pasillos del colegio, mi corazón corría con la fuerza de cien patanas y con el ímpetu de aquel idiota que quiere fit in.

Pensé en escribirle tantas veces, quizás no porque nunca tuve su dirección de correo, y llamarla por teléfono me aterraba; quizás soy un cobarde que no sabia como hablarle sin meter la pata, sin ponerse nervioso.

Cuando llevaba el pelo mojado, sutilmente prensado con un sujetador, con su voz que todavía retumba en mis oídos cada vez que cierro mis ojos para hablarle.

Trate de decirle una vez, mas mis arraigados vestigios de timidez adquirida por la falta de tigueraje nunca me dejaron hablarle de como me sentía. Quizás lo hice, pero mi nerviosismo nunca me lo dejo saber; y mucho menos a ella.

El consuelo que transforma mi timidez en falsa sabiduría temprana es que me digo a mismo muchas veces al día: fue mejor así, no era nuestro tiempo, era muy inmaduro y mis demonios me dominaban.

Nunca le dije que ella fue mi primera, la primera muchacha que le puso atención a este sapo, la primera vez que compartía con una muchacha inteligente y podía hablar de matemáticas, ciencias, letras, de la vida del ingles y de tantas cosas.

Ese viaje en autobús lo recuerdo como si estuviera pasando en este instante: con mis manos sudorosas, nervioso, un poco loco, y tratando de transformar mi timidez en algo útil, recitando en voz baja a Neruda, Ruben Dario y a Fabio Fiallo. Ella, vestía blanco, se acercaba por el pasillo lentamente, o por lo menos así parecía.

Nunca, nunca, ni siquiera cuando estuvimos en la universidad, le dije lo que sentía, quizás fui un cobarde, pero mi ego no me deja que piense asi, mejor
piensa que fuiste sensato y que eras muy muchacho y que no era el momento, me dice mi ego cabizbajo, mientras cierro los ojos para amarrar mi timidez y escribir estas palabras.

Nunca le dije que fue ella mi primera, la primera que bese en mis sueños, la primera que me aceptaba como lo que era, como lo que soy y como lo que siempre seré: un nerdo sonador, romántico, y muy tímido.

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