Thursday, May 13, 2010

En cuarenta y cinco segundos

Beligerante la forma como ese señor se expresaba.Fue proclamado el líder del grupo; mientras anémonas aplaudían al nuevo representante de los celenterados.

Las íes salían de sus palabras retrógradas, como si fueran pequeños puñales a la gramática. Retórica envolventemente absurda y oportunista: los demás son malos, yo soy el bueno. Palpitante dialéctica que efervece a cualquier acéfalo que sólo busca enriquecerse rápida e ilícitamente.

Los políticos son un reflejo de la sociedad que tenemos. Estamos mal, extremadamente mal: es un barco a la deriva capitaneado por ladrones y corruptos. Quizás me viene a la
mente esa escena del barco, pero en otro siglo.

El ser humano necesita fomentar la racionalización de las cosas, y apartarse de las emociones y la avaricia a la hora de
elegir administradores honestos (partícula atípica en un muestreo considerable; entre esta sórdida sociedad).

Volviendo al meollo. Con la fallida intención de convencer, aquel flagelado individuo, aquel parásito
que trata de empapelar una realidad obtusa de la que vive el pueblo continua su plática. No es peor el que dice lo que quieren escuchar que el que escucha lo que exactamente quiere?

Sr. Candidato, cual es su plan de gobierno?, me pregunto.

- Los otros son malos, yo soy el que va a resolver los problemas, responde el hombre que hace que el dinero sea la razón; el mismo hombre que solo quiere amasar poder y dinero.

El semáforo cambia a verde, y da paso otra vez a las hormigas de clase media que van a laborar: algunas quieren ser ladrones para la colmena, otros sin embargo, miran desde lejos.

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